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22.9.15

La cocina del sur de la India

Partiendo de la base de que sólo he viajado dos veces a India en mi vida, (una al norte hace ya casi veinte años, y otra al sur este mismo verano), y asumiendo sin duda que no soy ninguna experta en el tema, sí que he llegado a la conclusión obvia de que la India es un país tan enorme, con tantas características e influencias, que su gastronomía no podía ser de otra manera y así, se trata de un mosaico de diferentes contrastes que hace que cada región tenga su carácter completamente diferente, y que dentro de cada región, cada estado también tenga notables diferencias, dependiendo de sus recursos naturales, sus influencias históricas, religiosas y culturales.

Aunque este post ni siquiera araña la superficie de la diversidad de la cocina india, valga como primera aproximación de lo que uno se puede esperar, de entrada, al viajar a este país.

Para empezar, si hacemos una sencilla y superficial distinción entre la cocina de la India del norte y la del sur (sin olvidar que también la cocina del este y del oeste son totalmente distintas entre sí), a grandísimos rasgos, estas serían sus características: 
Cocina del norte: cremosos curries y ricas salsas. Platos tan populares como korma, carnes cocinadas en horno tandoori, samosas y pan naan.
Cocina del sur: uso de ingredientes como semillas, especias, sambar, chutneys, tomates, coco, cilantro, encurtidos, variedades de legumbres como lentejas o garbanzos, plátanos. Platos como dosa masala (un especie de fino crepe hecho de lentejas y arroz), thalis, biryanis, etc., y arroz, siempre arroz.



Este verano pasé dos semanas en Kerala, el estado del sur que pertenece a la costa malabar. Tiene un clima caliente, y húmedo y es costero. Llueve abundantemente, lo que les proporciona una despensa natural continua de arroz, fruta y verdura, siempre fresca. La cocina malabar tiene un amplísimo repertorio de platos de pescado y marisco, como el delicioso curry de pescado y leche de coco. De esta zona son los platos más especiados de la India. Para cocinar y freír utilizan principalmente aceite de coco porque toda la zona es un auténtico vergel de cocoteros. Las especias e ingredientes principales en sus platos y que muchos tienen al alcance de la mano en los jardines de sus casas son las hojas de curry, semillas de mostaza, pimienta, tamarindo, chiles, canela, cardamomo, jengibre, nuez moscada, comino, clavo, cúrcuma, etc. Su cocina obviamente se entronca con su pasado cosmopolita y con su vocación de puerto exportador de especias, y así, hay influencias musulmanas, portuguesas, holandesas y británicas. Los postres normalmente incluyen coco, plátano o anacardos. Las comidas finalizan con café a diferencia del norte del país que bebe té.

La cocina del sur de la India es una mezcla brillante de sabores, colores, fragancias, con un uso equilibrado de especias, y sin descuidar la presentación, que siempre es muy visual.

El capítulo de panes merece una mención aparte. Durante todo el viaje he comido una variedad infinita de panes, desde mis favoritos y antes desconocidos como el parotta o el puri, hasta algunos más habituales como el roti, el chapatti, o el naan. U otros que acompañan o se integran directamente en los platos como el appam, propio de Kerala y hecho con arroz y coco.

Para quien quiera hacer una sencilla incursión en la cocina india básica, aquí os dejo el enlace a un delicioso pollo tikka masala.


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30.6.15

La cocina de Oriente Medio

Este es un post que me ha costado muchísimo escribir, tanto como 3 meses. Y esto ha sido por dos razones: la primera, es que durante este tiempo mi vida ha sido un tanto caótica, con bastantes idas y venidas, en las que siempre me faltaba tiempo, instrumentos y atrezzo tanto para cocinar como para fotografiar. La otra razón es que quería hacerlo bien, porque aunque siempre me había atraído, la cocina de Oriente Medio ha sido para mí una auténtica revelación en los últimos tiempos y me gustaría compartirlo con vosotros.

Pero vamos por partes.

Por razones personales durante los últimos meses he pasado mucho tiempo en una diminuta isla del Golfo Pérsico llamada Bahréin y lo primero que hay que hacer es situarlo en el mapa. Se trata de un pequeño reino musulmán unido por un puente a Arabia Saudí y muy cerca de Catar. Todo el país tiene una población inferior al millón y medio de habitantes, de los cuales, la mitad son extranjeros. Su capital es Manama, y puede que os suene porque allí se corre uno de los premios más importantes de Fórmula 1. A pesar de que al igual que sus países vecinos la economía de Baréin está fundamentalmente basada en el petróleo, la renta media es la más baja de todos los pequeños estados petroleros del golfo Pérsico, aunque Bahréin cada vez tiene una mayor repercusión en la economía del archipiélago, debido a su papel de plaza financiera internacional de gran actividad.

Y hecha esta breve introducción, vamos a lo nuestro, que es la cosa gastronómica.

En Bahréin, como en muchos países de la zona, existe una tradición culinaria común, y aunque las influencias y las historias gastronómicas de cada región son largas y diversas, un mismo plato en distintas versiones puede encontrarse en diferentes sitios con nombres iguales o prácticamente iguales, ya que muchos de estos países comparten lengua e historia.

Si quisiera intentar describir esta comida en dos líneas, diría que es una cocina de fuertes sabores, texturas y colores, de enorme delicadeza, que hace parecer insípida y aburrida a muchas otras. Y sin duda, es adictiva.


Es una gastronomía sana y honesta, que saca lo mejor de los productos que tiene, sin artificios ni adornos, manteniendo la materia prima lo más natural posible, y evitando deliberadamente técnicas de cocina complicadas o sofisticadas. Una cocina donde cada ingrediente tiene voz propia y se distingue claramente dentro del conjunto. No existen muchas reglas a la hora de componer los platos y en perfecta armonía se encuentran mezclas de dulce y salado, y frío y caliente, siempre con unas presentaciones exquisitamente cuidadas. Ingredientes comunes y básicos como el ajo, el limón, el aceite de oliva, el cilantro fresco, la hierbabuena, la granada, el tahini, el yogur, las especias, el agua de azahar o de rosas, los quesos de cabra, etc. La fruta y la verdura fresca están muy presente en esta cocina: dulcísimas naranjas, pepinos crujientes, granadas enormes, higos, pistachos, variedades infinitas de hierbas aromáticas, etc., todo ello procedente de sencillas y fragantes huertas y cultivos, desde siglos antes de que las palabras “orgánico” o “sostenible” se hubieran hecho un hueco en nuestro vocabulario cotidiano.

La cultura y la tradición han sido vitales para hacer que cada plato haya pasado de generación en generación sin alteraciones significativas. La cocina sigue siendo el centro de la vida diaria y al igual que en nuestra cultura, es muy importante cocinar para la familia y los amigos, y toda celebración que se precie siempre gira en torno a una mesa repleta de delicias, en cantidades que darían de comer a medio planeta. Dicho esto, hay que recordar que la aportación árabe a la cocina española es extraordinariamente rica. Muchas recetas de distintas regiones españolas son un testimonio de nuestra herencia cultural árabe, y así, entre los alimentos que los musulmanes introdujeron o popularizaron en España están la berenjena, la espinaca, el dátil, la caña de azúcar, el arroz, la canela, la miel, los frutos secos, el albaricoque o los cítricos. Hoy es fácil encontrar en nuestro país (eso sí, con resultados desiguales) platos tan típicos como los mezzes (aperitivos fríos o calientes que incluyen hummus, tabboule, falafel, samosas, o labaneh, entre otros), deliciosas y coloridas ensaladas como el fattoush, y platos principales como todo tipo de kebabs, aves o cordero. El baklava en sus mil variedades es el postre por excelencia.


En cualquier caso, ya os habréis dado cuenta de que de un tiempo a esta parte, la cocina de Oriente Medio está brillando con luz propia en los grandes escenarios gastronómicos del mundo, y para mí en este momento no hay nadie como el chef israelí Yotam Ottolengi, que junto a su socio y amigo el chef palestino Sami Tamimi han demostrado que cuando hay pasión, las fronteras y las culturas son solo líneas imaginarias. Sus restaurantes y tiendas delicatessen en Londres, así como sus fascinantes libros de cocina, son para mí fuente inagotable de inspiración, y están repletos de platos y recetas sensuales y coloridas, que son un auténtico placer para los sentidos, y que yo sin duda ya he incorporado a mi recetario habitual.


Créditos de fotos: Hotel Ritz-Carlton Bahrain, Lumee Restaurant Bahrain y My little kitchenette.


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18.12.14

Decálogo para celebrar en casa sin agobios

¿Este año invitas en tu casa? Olvídate del estrés de última hora, siguiendo estos sencillos pasos para planificar cada detalle y no dejar nada para última hora. Disfruta de tu propia cena o fiesta; aunque no lo creas, ¡es posible!

Paso 1. Diez días antes de la fecha elegida, en lugar de tenerlo todo en la cabeza, escribe tu planning diario, desde hoy hasta el mismo día de la celebración del evento. Haz la lista de invitados y piensa en alergias, filias y fobias. Planifica el menú, los vinos y alcoholes, y piensa cómo quieres decorar la mesa. Recopila y entiende las recetas. Haz la lista de la compra. Si vas a encargar algo de postre o catering, hazlo ya para evitar sorpresas de última hora. Si tienes que usar un ingrediente difícil de conseguir, búscalo o encárgalo ya. Si vas a encargar alguna decoración para la mesa (flores, velas, centros navideños, etc.), hazlo ya; si lo vas a preparar tú, recopila fotos o dibuja tu propio diseño y piensa dónde y cuándo debes comprar o recolectar los elementos.


Paso 2. Una semana antes haz la compra general. Deja la compra de los ingredientes frescos para el día anterior.

Paso 3. Durante la semana ve preparando y adelantando el mayor número posible de ingredientes y comidas, y guárdalos en la nevera, bien cubiertos y si es necesario, rotulados.

Paso 4. Cuatro días antes compueba que el mantel y las servilletas están limpios y plánchalos; limpia la vajilla, las copas y los cubiertos.

Paso 5. Tres días antes, es una buena idea poner la mesa para comprobar que no falta nada en cuanto a vajilla, cubertería, cristalería, o accesorios, incluidas fuentes, paneras, cubiertos de servir, platitos para el pan, jarras, cubiteras, tazas de café, etc. Si no puedes dejar la mesa puesta durante tres días porque la utilizas a diario, hay niños peligrosos, etc., haz un dibujo y comprueba que no te falta ningún elemento. No es una tontería poner un post-it en cada fuente con el plato que lo ocupará, te aseguro que te ahorrará mucho tiempo en el último minuto.


Paso 6. El día D, pon el lavaplatos por última vez y vacíalo para que esté preparado y listo para recoger una vez acabe la fiesta. Termina todos los platos que no pudieron dejarse hechos con antelación. Decora la mesa. Esa mañana no te olvides de comprar el pan.

Paso 7. Come ligero y échate la siesta un rato sí o sí. Lo vas a agradecer después.

Paso 8. Ten preparado el bar y todos sus accesorios para cuando toquen las copas. Que sólo te falte poner el hielo en la cubitera y cortar las limas o limones en el último momento. 



Paso 9. Ten preparado todo lo relativo al café y los postres en algún sitio que no moleste para sólo tener que sacar cuando llegue el momento.

Paso 10. Disfruta de tu fiesta sin preocuparte de más. Mañana será otro día.

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17.12.14

La mesa de Navidad perfecta

Como si pensar, organizar y preparar los menús navideños no fuera lo suficientemente estresante, decidir sobre qué, en qué, junto a qué o dentro de qué los servimos, puede resultar aún más agotador. No os voy a descubrir nada nuevo, pero detrás del sencillo acto de montar una mesa para invitados, hay mucho más que dónde va la pala de pescado o la copa de vino, y sobre todo, hay detalles que a veces se nos escapan y son los que marcan la auténtica diferencia. Invitar a nuestra casa nunca es tan especial como durante estas fiestas, momento en que queremos que cada celebración sea acogedora y cálida. En cada mesa hay detalles que nos recuerdan el espíritu de la temporada y que los anfitriones se han tomado muchas molestias para que nos sintamos a gusto. Estos son algunos trucos y ejemplos inspiradores para triunfar:

Este año, estilo rústico o entrégate al blanco: también la decoración de mesas tiene sus modas y este año el estilo rústico o el blanco dominan en la mesa, en el plato, y en las decoraciones… Si no te atreves con el rústico o no te pega nada en tu casa, apuesta por colores neutros y deja el toque de color para las decoraciones o aporta un destello de brillo con plata o dorado viejo; así no fallarás seguro.


Inspírate en la naturaleza: compra o busca ramas y bayas, helechos y piñas, frutas, verduras o frutos secos, que aporten un toque natural a tu mesa; son una estupenda alternativa al clásico centro floral. Si además pones unas velas neutras conseguirás esa atmósfera cálida e intimista. En cualquier caso, no pongas nunca nada alto, que impida que los invitados puedan verse las caras al hablar.


Manteles únicos: no tiene que ser necesariamente un mantel formal; quizá tienes una tela preciosa, un sari o una manta de cuadros escoceses lo suficientemente grande para hacer las veces de mantel.

Siempre servilletas de tela: tus invitados se merecen lo mejor y por tanto sería una pena deslucir una bonita mesa con un buen mantel poniendo unas servilletas de papel. Sí, las hay preciosas, pero una noche es una noche, y aunque luego toque lavarlas, no es lo mismo.


Mix & match: no te preocupes si no tienes una vajilla de Limoges o cubiertos de plata herencia de la abuelita. En este momento se lleva TODO y cuando más mezclado o desconjuntado mejor. Mezcla sin miedo copas y vasos, platos de aquí y de allá, nuevo y antiguo, siguiendo el dictado de tu propia personalidad. Si tienes alguna pieza especial, este es el momento de usarla, no habrá mejor ocasión. Tu mesa será única e irrepetible y no parecerá una mesa de restaurante o de hotel.

Da un toque fresco a las piezas tradicionales: ¿Que no tienes una fuente enorme de alpaca para sacar un asado a la mesa? No hay problema; una tabla de madera hará el mismo servicio y rebajará el nivel de etiqueta. ¿Que el mantel de tartán te parece muy formal con las servilletas a juego? Pues le pones otras distintas, lisas o estampadas, e incluso de rayas, toile de jouy o de otros cuadros distintos, para modernizar el conjunto.


Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio: si no tienes claro el orden y el lugar de cada pieza, mira en Internet. Hay cientos de webs que te explicarán cómo, dónde y de qué forma colocar todo en la mesa.

Un poco de salero, por favor: no te olvides de poner salero y pimentero en la mesa, porque no todos tenemos el mismo gusto, y no hay cosa que desluzca más una mesa que tener que sacar de repente el salero de la cocina, aunque estemos en confianza.

Personaliza: confecciona tus propios menús, haz tus propios servilleteros, o deja un detallito para cada invitado en su sitio. A todos nos gusta sentirnos especiales y a todos nos encanta cotillear qué han preparado nuestros anfitriones.


Orden y concierto: sirve las bebidas y los aperitivos en otro lugar antes de sentarse a la mesa, y así reducirás las posibilidades de tener la mesa hecha un asco desde el momento uno y para el resto de la cena.

Los últimos serán los primeros: ten preparado todo lo relativo a cafés y postres en algún sitio que no moleste, para sólo tener que sacarlo cuando llegue el momento, sin líos ni demoras.

Preparados, listos, ya: ten la mesa completamente lista para cuando lleguen tus invitados. No hay nada más estresante que ver a los anfitriones sin parar un momento, sacando cosas de los sitios más inverosímiles, y sin poderse sentar a disfrutar.

No caigas en la tentación de ponerte a recoger y fregar de forma compulsiva mientras tus invitados siguen sentados a la mesa; sí, lo sé, es un deseo irrefenable, pero hay que contenerse porque da la sensación de estar echando a la gente. Todo eso puede esperar.


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2.12.14

Londres para "foodies"

Esto de la escapada pre-navideña se está convirtiendo en un hábito y en esta ocasión la ciudad elegida ha sido Londres. En buena compañía y sin ver una gota de lluvia en cuatro días, allá nos lanzamos a patearnos de la mañana a la noche las calles de una ciudad que aunque se haya visitado en anteriores ocasiones, nunca deja de sorprender. El otoño le sienta bien a la ciudad, que de día luce todos los posibles colores de la estación en parques y jardines, y de noche se ilumina para hacernos sentir el gusanillo de la ya próxima Navidad en todos los escaparates y decoraciones que engalanan la ciudad. Y como para mí no sería un viaje completo si no incluyese un periplo gastronómico, previamente habíamos preparado nuestro itinerario con esmero y cariño. Atrás quedaron los tiempos en que la escena gastronómica de Londres dejaba bastante que desear. Hoy en día la capital británica es reconocida como uno de los mejores destinos del mundo para "foodies", desde restaurantes galardonados con estrellas Michelín, hasta humildes puestos callejeros, pasando por una miríada de restaurantes de las más diversas especialidades y etnias. Además es una de las ciudades del mundo en la que hay un mayor número de mercados de comida internacional por metro cuadrado, o un sinfín de pequeñas tiendas de productos locales orgánicos en cada esquina. Obviamente en una ciudad tan viva como esta, cada día se abren nuevas direcciones interesantes y a distancia es difícil estar al día, pero por si tenéis planeado un viaje próximo, os propongo una mini-guía gourmet actualizada y testada de mis últimos descubrimientos o re-descubrimientos. Por supuesto la gracia de estas recomendaciones es que se trata de sitios económicos o cuando menos asequibles, porque todos sabemos comer bien gastándonos una pasta, pero lo difícil es hacerlo gastando poco, lo cual en esta ciudad es difícil pero no imposible.

Supermercado Whole Foods. Cadena de supermercados de alimentos naturales y orgánicos, de origen norteamericano, con tiendas también en el Reino Unido. Tienen absolutamente de todo, y además una sección de comida para llevar muy apetecible. Varias direcciones.

Harrod’s Food Hall. Sólo dar un paseo entre sus expositores y vitrinas ya es capaz de hacer la boca agua a cualquiera. No es barato, pero aunque no se compre nada, es un placer para los sentidos. 87-135 Brompton Road (Knightsbridge).

Delicatessen "take-away" Ottolenghi. Propiedad de un chef israelí, sus tiendas con comida para llevar tienen sus raíces en la cocina de Oriente Medio que consigue fusionar con la cocina mediterránea y asiática, dando lugar a una variedad de platos vibrantes, sanos y deliciosos. Los postres son tan ricos como estéticos. En la ciudad hay varias direcciones, entre ellas 63 Ledbury Road (Notting Hill). En una versión más económica L’Eto, en varias direcciones, entre ellas 149 King’s Road (Chelsea), tiene buenas y variadas ensaladas, sándwiches recién hechos, tartas y postres a precios más asequibles, eso sí, no tan exóticos.

Restaurante Nopi. Convenientemntemente ubicado en el Soho, Nopi es el restaurante del chef israelí Ottolenghi, (con el mismo espítiru y filosofía de sus delicatessens con comida para llevar), que para mí ha sido el descubrimiento del viaje, por distinto y especial. Tiene dos zonas: arriba, para comidas más formales; y abajo, con dos mesas comunales frente a la cocina abierta, donde yo comí y caí rendida ante sólo 2 platos que me transportaron directamente al cielo. Imprescindible reservar. 21-22 Warwick Street (Soho).

Café, panadería/pastelería y tienda gourmet Albion en el edificio del moderno hotel The Boundary, en Shoreditch, el barrio hipster por excelencia. Ya el nombre del local nos hace adivinar que los productos van a ser obviamente ingleses. Está abierto todo el día para desayunar, comer, picar o cenar. El ambiente y la decoración están cuidadísimos, como no podía ser de otra manera, siendo uno de los propietarios el diseñador Sir Terence Conran. 2-4 Boundary Street, (Shoreditch).

Carnicería Allens. En el elegante barrio de Mayfair, en una pintoresca calle de tiendecitas independientes y junto a un precioso jardín, esta carnicería de estilo victoriano que lleva abierta 120 años, es toda una institución en la ciudad. Aunque posiblemente no compres nada, es una delicia de tienda, que además tiene la curiosidad de que imparte clases de carnicería. 117 Mount Street (Mayfair)

Quesería Androuet. El paraíso de los amantes del queso. Una coqueta tienda con gran variedad de quesos locales e internacionales. 107b Commercial Street, Old Spitalfields Market.

Productos British en supermercados Sainsbury y Marks & Spencer Food, para compras básicas y no tan básicas como té, scones, mermeladas, curds, curries, quesos, etc.. Varias direcciones.

Mercado tradicional Borough Market. A la sombra de un gran puente por el que pasan las vías del tren, en la ribera sur del Támesis, este mercado de productos frescos, el más antiguo de Londres y templo de peregrinación de cualquier amante de la comida, es una sucesión de puestos de todo tipo de alimentos, rodeado por pubs, tiendas y restaurantes. Lo más divertido es comprarse alguna de las exquisiteces que se venden en la variedad de puestos y comer directamente en las zonas cubiertas habilitadas en el mercado, o si el tiempo acompaña, hacer un improvisado picnic en el cercano jardín de la catedral de Southwark con cualquiera de las deliciosas comidas callejeras que se venden en el vecino Green Market. 8 Southwark Street (Southbank).

Para tomar el té (y aquí es difícil que sea barato, si queremos experimentar la quintaesencia del "afternoon high tea") he elegido dos lugares en absoluto tradicionales para una costumbre tan arraigada y sacrosanta: el ultra moderno y surrealista Sketch, si estás dispuesto a gastar las 39 libras que cuesta y desde luego vale (9 Counduit Street, Mayfair), y el salón de té de la Saatchi Gallery, Gallery Mess Café, que por la mitad de precio ofrece un experiencia exquisita en un entorno moderno con el gustazo de poder disfrutar de obras de arte colgadas de sus paredes y de un jardín muy apetecible en verano (The Duke of York’s Square, King’s Road, Chelsea).

La tienda gourmet/café con clases de cocina en vivo Recipease, otra nueva apuesta del genial Jamie Oliver, y un placer para la vista, el olfato y el gusto. 92-94. Notting Hill Gate (Notting Hill).

Para una comida rápida elijo sin duda la cadena de restaurantes japoneses y "noodle bar" Wagamama, en el que siempre pido el "super spicy chilli chicken ramen" y un zumo recién hecho de frutas y verduras. Para mí es una cita sentimental obligada, ya que mi madre me llevó por primera vez allá por 1992 y me fascinaron las primeras mesas comunales que veía en mi vida, la enorme cocina abierta con toda su despliegue de actividad a la vista, y sus enormes cuencos de "noodles" que entonces me parecían el summum de lo exótico. Varias direcciones.

Restaurante indio Tayyab’s. Restaurante familiar abierto en los años setenta, su especialidad es la cocina india de la región del Punyab, y sus curries, tikkas y tandooris son sencillamente irresistibles, a un precio inbatible. Es imprescindible reservar. 83-89 Fieldgate Street (Whitechapel).

Para una cena divertida, sin duda la izakaya o taberna japonesa Kurobuta, donde se toma la cerveza Kiren con un copete de espuma helada que hacen con una máquina como la de hacer granizados, y unos cócteles deliciosos hechos por un "barista", como dicen allí, encantador, como el resto del personal. Pequeño, estrecho, ruidoso y abarrotado, la comida es diferente, creativa e innovadora. Y sí, éste es de los caros, pero también de los que hacen que el viaje merezca realmente la pena. Imprescindible hacer reserva con al menos una semana de antelación. Hay dos direcciones pero el que yo conozco está en 251 King’s Road (Chelsea).

Para tomar un trozo de tarta, un pastelito o un tentempié salado en cualquier momento del día, Balthazar es el sitio adecuado. Un oasis de paz en un espacio mínimo abarrotado de deliciosas tentaciones caseras, dulces y saladas, entre las que te será difícil elegir. Personalmente, para recuperar fuerzas y entrar en calor, te recomiendo el bizcocho de jengibre y lima acompañado de un té muy caliente. 4-6 Russell Street (Covent Garden). Otra buena sugerencia para hacer una paradita en la dura jornada del turista y relajarse ante un generoso trozo de tarta y un café es Kahaila. 135 Brick Lane (Whitechapel).

Para darse un capricho (o varios), no te pierdas los chocolates artesanales de Dark Sugars, en formas, sabores y colores completamente inesperados. 141 Brick Lane (Whitechapel).

Toda una institución tanto del barrio como de la ciudad desde los años setenta, Beigel Bake, abierto las 24 horas todos los días de la semana, ofrece auténticos "bagels" y otras delicias judías; los mejores para mí son los clásicos rellenos de salmón y queso, y los de carne asada y mostaza. 159 Brick Lane (Whitechapel).

Tienda de utensilios de cocina Divertimenti. El bazar de los cacharros de cocina. Presumen de tener cerca de 4.500 utensilios tanto para cocina y mesa, así como una reconocida escuela de cocina. Varias direcciones, entre ellas 227-229 Brompton Road (Knightsbridge).

Y por último, todos los libros de cocina del mundo mundial en un espacio dedicado sólo a este tema, la librería Books for Cooks, en el número 4 de Blenheim Crescent (Notting Hill).

Como podéis comprobar no paré en los cuatro días de viaje, y me dio tiempo a hacer de todo. Lo único que se me quedó en el tintero fue una visita a uno de los gastropubs que han proliferado por la ciudad, es decir, los viejos y clásicos pubs ingleses reconvertidos en modernos templos gourmet que sin duda han dado un giro radical a la gastronomía inglesa. Pero bueno, así tengo una excusa para volver en breve.




De izquierda a derecha: Balthazar, Ottolenghi, Harrod's Food Hall, Allens Butchers, Recipease, Borough Market, Dark Sugars, Albion, y Kahaila.


De izquierda a derecha: L'eto, Nopi, Beigel Bake, Kurobuta, Sketch, Tayyab's, Wagamama, Androuet, y Books for Cooks.



Y así de bonita y mágica estaba la ciudad, preparada y lista para las próximas fiestas.

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13.12.13

Regalo de Navidad adelantado: París

Este año Papá Noel se ha adelantado y como he sido buenísima, me ha regalado nada menos que ¡¡¡una escapada pre-navideña de 4 días a París!!!. Aunque no es la primera vez que visito la ciudad (de hecho éste ha sido mi cuarto viaje), nunca había estado en estas fechas, y la verdad es que la ciudad estaba preciosa, iluminada y engalanada para las próximas fiestas. El tiempo y un sol tibio acompañaron todo el viaje a pesar de hacer un frío pelón y de anochecer a las cinco de la tarde. En esta ocasión no iba con mis urgencias habituales, sencillamente ha sido un viaje de pasear, de descubrir, de explorar callejuelas, merendar tranquilamente, deambular por mercados al aire libre, ir al Louvre sólo a ver lo que de verdad me apetecía, y de llegar hasta la siguiente esquina por el simple placer de ver qué había a la vuelta; en definitiva, una delicia de viaje, para mí el mejor regalo que me podían hacer.


Y en mi deambular no pude dejar de encontrarme y fotografiar escaparates como estos, que se sucedían uno tras otro, lo difícil era resistirse a entrar, porque una pastelería francesa es lo más parecido a una joyería, donde las creaciones se disponen de la forma más elegante y tentadora posible.


Hablando de pastelerías, sólo una breve mención al ya famosísismo Ladurée, creador de los archiconocidos y tan de moda macarons. Una belleza de escaparates y unos macarons simplemente perfectos si estás dispuesto a pagar 15 € por 6 unidades. En algún momento os contaré mis frustrantes y desiguales experiencias caseras con los macarons o cómo estar comiendo durante semanas pastas de almendra para que te salgan 6 macarons, ¡dificilísimos!, no me extraña que sean tan caros...



Un templo para los cocinillas de corazón es la tienda de tres pisos, E. Dehillerin, junto a Les Halles, que data de 1820, y dispone de todos y cada uno de los utensilios de cocina que te puedas imaginar. Su especialidad son estos preciosos moldes y cacharros de cobre. La tienda tiene una capa de polvo que posiblemente también date de 1820, pero realmente lo que no encuentres allí es que no existe. Quise comprarme de recuerdo el más pequeño de los cazitos de cobre (tamaño 100 ml.) y el precio era de 75 €, por lo que decidí que mejor los invertía en comer en el famoso bistrot Au Pied du Cochon que está en la esquina de enfrente; por cierto, comí la especialidad de la casa que es una pata de cerdo (para nosotros manita, pero digo pata porque iba desde la pezuña hasta el codo); no comparto la foto porque comprendo que no a todo el mundo le va a gustar… Me encantó la experiencia, pero no creo que repita, con una vez en la vida, es suficiente.



Mi descubrimiento favorito en cuanto a supermercados, si es que podemos llamar así a este paraíso de la gastronomía francesa, ha sido La Grand Epicerie, perteneciente a los grandes almacenes Le Bon Marché. Un auténtico festín para los sentidos y una puesta en escena moderna y elegante como contraste al edificio clásico que alberga los almacenes. Aquí os dejo las pocas fotos que pude hacer hasta que un guardia de seguridad me dijo que estaba prohibido.



Y qué decir de todos los establecimientos de delicatessen, de especialidades francesas, de los maravillosos cafés donde desayunar un delicioso croissant, los puestos de ostras y mariscos en la calle, queserías, charcuterías, etc., etc. En fin, que realmente París es la meca gastronómica del mundo (con perdón de España, es mi opinión) y en cada esquina ves por qué. Eso sí, me alegro de no vivir allí porque estaría como un tonel. Bon apetit!



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