16.10.15

Verduras asadas con parmesano y aceite de trufa

El hecho de no tener tiempo para nada no justifica comer mal. Por eso, hoy os recomiendo esta receta sencilla y saludable, que funciona perfectamente como plato único para cenar, o como entrante o acompañamiento para compartir. No requiere ninguna habilidad y el horno lo hace solito, en cuestión de minutos. Yo he usado mis verduras preferidas pero se pueden incorporar muchas más como berenjenas, pimientos, etc.


Verduras asadas con parmesano y aceite de trufa

1 tomate grande y maduro
1/2 calabacín
1/2 cebolla roja
4 champiñones
1/2 manojo de espárragos verdes
1 diente de ajo, picado
Hierbas aromáticas secas, sal y pimienta
Aceite de oliva extra virgen
Queso parmesano rallado o en polvo
Aceite de trufa

Precalienta el horno a 200 grados. 
Lava, seca y corta las verduras y disponlas en una bandeja de horno previamente forrada de papel de plata. Espolvorea el ajo picado sobre el tomate, y las hierbas sobre todas las verduras. Vierte un poco de aceite sobre las verduras y salpimienta al gusto. Hornea durante unos 30 minutos o hasta que las verduras estén asadas. Saca la bandeja del horno, sirve las verduras en los platos, rocía con el aceite de trufa y espolvorea con el queso parmesano. Sirve inmediatamente.

Se trata de una forma estupenda de comer verduras, ya que asarlas en el horno, los jugos y sabores se concentran, logrando un interior tierno y jugoso y un exterior crujiente y tostado.


Ni que decir tiene que el queso parmesano y el aceite de trufa le aportan el toque diferente y sofisticado para convertir un sencillo plato de verduras en una auténtica delicia.

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14.10.15

Bizcocho de plátano, chocolate y nueces de macadamia

¡Empieza la temporada de bizcochos! Y la inauguro con uno de mis preferidos. Creo que ya es bastante evidente que me apasiona el bizcocho de plátano, y lo cierto es que siempre estoy probando nuevas versiones. Esta vez he probado con algunos ingredientes más que tenía por casa, como pepitas de chocolate y nueces de macadamia, y lo cierto es que le van de maravilla.


Bizcocho de plátano, chocolate y nueces de macadamia

85 gramos de mantequilla
250 gramos de harina
150 gramos de azúcar
3 gramos de levadura en polvo
1/2 cucharadita de sal
100 gramos de chocolate en trozos
100 gramos de nueces de macadamia, toscamente troceadas
2 huevos tamaño L
3 plátanos maduros, machacados
100 gramos de yogur natural
1 cucharadita de extracto de vainilla

Precalienta el horno a 175 grados, y engrasa un molde. Derrite la mantequilla y déjala enfriar. En un bol grande mezcla la harina, el azúcar, la levadura y la sal. Añade el chocolate y la mitad de las nueces, y mezcla para combinar. Reserva. En un bol mediano bate ligeramente los huevos con un tenedor, añade los plátanos, el yogur, la mantequilla derretida y la vainilla, y mezcla bien. Vierte la mezcla de plátano en la mezcla seca, y con una espátula de goma, mezcla cuidadosamente, sólo hasta combinar. Vierte la mezcla en el molde y espolvorea la superficie con las nueces restantes. Hornea hasta que el bizcocho esté dorado (y las nueces también), unos 50-60 minutos, y haz la prueba del palillo. Retira el molde del horno y deja enfriar sobre una rejilla durante 10 minutos. Saca el bizcocho del molde y déjalo enfriar sobre una rejilla antes de servir.

Es un bizcocho ligero y esponjoso. La masa se prepara en 10 minutos, y el delicioso olor del bizcocho horneándose durante 50 minutos hace anticipar su maravilloso sabor.


Su suave sabor a plátano, el chocolate derretido y el punto salado que le dan las nueces de Macadamia, es sencillamente delicioso, aún templado y acompañado de una taza de té.

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2.10.15

Crema de queso con albaricoques y crujiente de almendras

Esta es una de esas recetas básicas y recurrentes en mi casa, cuando da pereza preparar un postre muy historiado. En esta ocasión lo he hecho con unos albaricoques en almíbar caseros que hice ya hace algunas semanas, pero funciona igual de bien con otras frutas como cerezas, melocotones, higos, etc., en forma de compota o en almíbar. Estas frutas contrastan a la perfección con el queso feta, que es el ingrediente sorpresa de esta receta y con el que se consigue un equilibrio perfecto entre dulce y salado. El toque crujiente lo aporta el crujiente de almendras, al que te aseguro encontrarás muchos usos acompañando a helados o para espolvorear sobre bizcochos o muffins. Esta receta es para 4-6 raciones.



Crema de queso con albaricoques y crujiente de almendras

100 gramos de queso feta
300 gramos de queso crema
40 gramos de azúcar
La piel rallada de 1/2 limón
130 mililitros de nata para montar
100 gramos de almendras, troceadas toscamente
50 gramos de mantequilla fría, en dados
75 gramos de harina
50 gramos de azúcar morena
Un pellizco de sal
Albaricoques en almíbar

Con una espátula rompe el queso feta para dejarlo lo más suave y liso posible. Añádele y bate el queso crema, el azúcar y la piel rallada de limón. Pon la nata en un bol separado y monta hasta formar picos suaves. Incorpora con cuidado la mitad de la nata montada a la mezcla de queso crema y feta, y después la otra mitad. Refrigera y reserva en la nevera entre 2 horas y toda la noche. Precalienta el horno a 180 grados. Pon las almendras, la harina y el azúcar en un bol grande, y con las manos incorpora la mantequilla en dados hasta alcanzar una consistencia de migas. Añade y mezcla el azúcar y la sal. Extiende esta mezcla sobre una bandeja de horno y hornea durante 12 minutos, hasta dorar, y reserva. 
 Para el montaje, pon una porción grande de crema de queso, cubre con crujiente de almendras, y finalmente corona con los albaricoques en almíbar.


La crema base se prepara en un santiamén y se conserva perfecta en la nevera durante 3 días. Conviene tomar este postre lo más frío posible.

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25.9.15

Ensalada César con pollo

Y con estas altas temperaturas que siempre caracterizan el final de septiembre, yo sigo estirando la lista de platos frescos y apetecibles, como esta clásica ensalada César con pollo, que ya habrá tiempo de sobra para platos más contundentes y otoñales. Y digo clásica porque aunque sea de origen norteamericano, pocos restaurantes españoles se resisten a incluirla en sus cartas. Aunque la verdadera ensalada César no lleva pollo, yo lo suelo incluir porque la salsa, que es la auténtica estrella de esta ensalada, le va de maravilla y así se hace un poco más contundente. Tanto me gusta esta ensalada que normalmente en mi casa en Navidad la hacemos con langosta… deliciosa. Esta receta es para 6 personas.


Ensalada César con pollo

3 corazones de lechuga romana
6 anchoas de lata en aceite, escurridas
1 diente de ajo pequeño
2 yemas de huevo, grandes
3 cucharadas de zumo de limón recién exprimido
3/4 cucharadita de mostaza Dijon
120 mililitros de aceite de oliva
600 gramos de pollo asado, troceado, con su piel
3 cucharadas de queso parmesano rallado con rallador, y un poco más para servir
Pimienta negra recién molida
Picatostes de pan

Para hacer la salsa, pica las anchoas y el ajo, y añádele un pellizco de sal, formando una pasta. Cuando esté lista, pásala a un bol mediano. Incorpora las yemas de huevo batidas, el zumo de limón y la mostaza. Empezando gota a gota y después en un hilo, incorpora el aceite removiendo con varillas hasta obtener una salsa espesa y brillante. Ahora incorpora el queso parmesano rallado a la salsa y salpimienta. Por último, añade el pollo asado y los picatostes. Incorpora las hojas de lechuga partidas en trozos grandees, y con las manos mezcla todo el conjunto. Corona la ensalada con más queso parmesano rallado.

Esta famosísima ensalada fue creada en 1924 en Estados Unidos por el cocinero emigrante italiano César Cardini en su restaurante, supuestamente durante una noche de mucho trabajo en la que se quedaron sin provisiones y Cardini empleó los ingredientes que encontró a mano para salir del paso con una ensalada. Para darle un toque sofisticado, la preparó directamente frente los comensales, que es la forma en la que se sigue sirviendo hoy en día en los restaurantes americanos de cierto nivel. La ensalada se convirtió rápidamente en un éxito rotundo, y la gente hacía kilómetros sólo para comer la ensalada, que con el tiempo fue adoptada como un clásico de la cocina norteamericana, y sobre todo se convirtió en el plato favorito del Hollywood de los años veinte y treinta, dándole fama mundial.

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22.9.15

La cocina del sur de la India

Partiendo de la base de que sólo he viajado dos veces a India en mi vida, (una al norte hace ya casi veinte años, y otra al sur este mismo verano), y asumiendo sin duda que no soy ninguna experta en el tema, sí que he llegado a la conclusión obvia de que la India es un país tan enorme, con tantas características e influencias, que su gastronomía no podía ser de otra manera y así, se trata de un mosaico de diferentes contrastes que hace que cada región tenga su carácter completamente diferente, y que dentro de cada región, cada estado también tenga notables diferencias, dependiendo de sus recursos naturales, sus influencias históricas, religiosas y culturales.

Aunque este post ni siquiera araña la superficie de la diversidad de la cocina india, valga como primera aproximación de lo que uno se puede esperar, de entrada, al viajar a este país.

Para empezar, si hacemos una sencilla y superficial distinción entre la cocina de la India del norte y la del sur (sin olvidar que también la cocina del este y del oeste son totalmente distintas entre sí), a grandísimos rasgos, estas serían sus características: 
Cocina del norte: cremosos curries y ricas salsas. Platos tan populares como korma, carnes cocinadas en horno tandoori, samosas y pan naan.
Cocina del sur: uso de ingredientes como semillas, especias, sambar, chutneys, tomates, coco, cilantro, encurtidos, variedades de legumbres como lentejas o garbanzos, plátanos. Platos como dosa masala (un especie de fino crepe hecho de lentejas y arroz), thalis, biryanis, etc., y arroz, siempre arroz.



Este verano pasé dos semanas en Kerala, el estado del sur que pertenece a la costa malabar. Tiene un clima caliente, y húmedo y es costero. Llueve abundantemente, lo que les proporciona una despensa natural continua de arroz, fruta y verdura, siempre fresca. La cocina malabar tiene un amplísimo repertorio de platos de pescado y marisco, como el delicioso curry de pescado y leche de coco. De esta zona son los platos más especiados de la India. Para cocinar y freír utilizan principalmente aceite de coco porque toda la zona es un auténtico vergel de cocoteros. Las especias e ingredientes principales en sus platos y que muchos tienen al alcance de la mano en los jardines de sus casas son las hojas de curry, semillas de mostaza, pimienta, tamarindo, chiles, canela, cardamomo, jengibre, nuez moscada, comino, clavo, cúrcuma, etc. Su cocina obviamente se entronca con su pasado cosmopolita y con su vocación de puerto exportador de especias, y así, hay influencias musulmanas, portuguesas, holandesas y británicas. Los postres normalmente incluyen coco, plátano o anacardos. Las comidas finalizan con café a diferencia del norte del país que bebe té.

La cocina del sur de la India es una mezcla brillante de sabores, colores, fragancias, con un uso equilibrado de especias, y sin descuidar la presentación, que siempre es muy visual.

El capítulo de panes merece una mención aparte. Durante todo el viaje he comido una variedad infinita de panes, desde mis favoritos y antes desconocidos como el parotta o el puri, hasta algunos más habituales como el roti, el chapatti, o el naan. U otros que acompañan o se integran directamente en los platos como el appam, propio de Kerala y hecho con arroz y coco.

Para quien quiera hacer una sencilla incursión en la cocina india básica, aquí os dejo el enlace a un delicioso pollo tikka masala.


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