3.7.15

Gazpacho de sandía con aceite de albahaca

Vuelve la ola de calor y con ella la necesidad de recetas rápidas, sencillas y refrescantes como este gazpacho de sandía, que por no llevar, no lleva ni pan ni agua, ya que aprovechamos la que aporta la propia sandía. Perfecto como entrante o tentempié veraniego, cargado de vitaminas y con un ligero y delicioso sabor afrutado. La albahaca combina a la perfección con el tomate y la sandía, y le aporta un toque inesperado y fresco. Es una magnífica forma de aprovechar esas sandías que a veces salen sosas y poco dulces, y terminan por morir silenciosamente en el fondo de la nevera. Esta receta es para 4 raciones.


Gazpacho de sandía con aceite de albahaca

600 gramos de tomates en rama maduros
500 gramos de sandía, limpia de pepitas
30 gramos de cebolleta
40 gramos de pimiento verde
1 diente de ajo pequeño
Aceite de oliva, vinagre de vino blanco y sal, al gusto
1 manojo de albahaca
200 mililitros de aceite de oliva
Un pellizco de sal

Pela y trocea los tomates y ponlos en el vaso de la batidora junto con el ajo, la cebolla y el pimiento. Bate hasta que resulte una textura fina. Si quieres, éste es el momento para colar el gazpacho si te molestan las pieles de los tomates. Incorpora la sandía en trozos al vaso de la batidora, y añade el aceite, el vinagre y la sal. Bate de nuevo hasta que vuelva a quedar una textura fina. Rectifica e introduce en la nevera al menos 2 horas. Mientras tanto prepara el aceite de albahaca, triturando el manojo con el aceite y la sal. Reserva. Sirve muy frío, decorado con unas hojas de albahaca y unos hilos del aceite.


Cuando saques el gazpacho de la nevera seguramente verás que se ha separado en dos fases, con el agua abajo y el resto arriba. Sólo tendrás que mezclarlo un poco y ya estará listo para tomar.

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30.6.15

La cocina de Oriente Medio

Este es un post que me ha costado muchísimo escribir, tanto como 3 meses. Y esto ha sido por dos razones: la primera, es que durante este tiempo mi vida ha sido un tanto caótica, con bastantes idas y venidas, en las que siempre me faltaba tiempo, instrumentos y atrezzo tanto para cocinar como para fotografiar. La otra razón es que quería hacerlo bien, porque aunque siempre me había atraído, la cocina de Oriente Medio ha sido para mí una auténtica revelación en los últimos tiempos y me gustaría compartirlo con vosotros.

Pero vamos por partes.

Por razones personales durante los últimos meses he pasado mucho tiempo en una diminuta isla del Golfo Pérsico llamada Bahréin y lo primero que hay que hacer es situarlo en el mapa. Se trata de un pequeño reino musulmán unido por un puente a Arabia Saudí y muy cerca de Catar. Todo el país tiene una población inferior al millón y medio de habitantes, de los cuales, la mitad son extranjeros. Su capital es Manama, y puede que os suene porque allí se corre uno de los premios más importantes de Fórmula 1. A pesar de que al igual que sus países vecinos la economía de Baréin está fundamentalmente basada en el petróleo, la renta media es la más baja de todos los pequeños estados petroleros del golfo Pérsico, aunque Bahréin cada vez tiene una mayor repercusión en la economía del archipiélago, debido a su papel de plaza financiera internacional de gran actividad.

Y hecha esta breve introducción, vamos a lo nuestro, que es la cosa gastronómica.

En Bahréin, como en muchos países de la zona, existe una tradición culinaria común, y aunque las influencias y las historias gastronómicas de cada región son largas y diversas, un mismo plato en distintas versiones puede encontrarse en diferentes sitios con nombres iguales o prácticamente iguales, ya que muchos de estos países comparten lengua e historia.

Si quisiera intentar describir esta comida en dos líneas, diría que es una cocina de fuertes sabores, texturas y colores, de enorme delicadeza, que hace parecer insípida y aburrida a muchas otras. Y sin duda, es adictiva.


Es una gastronomía sana y honesta, que saca lo mejor de los productos que tiene, sin artificios ni adornos, manteniendo la materia prima lo más natural posible, y evitando deliberadamente técnicas de cocina complicadas o sofisticadas. Una cocina donde cada ingrediente tiene voz propia y se distingue claramente dentro del conjunto. No existen muchas reglas a la hora de componer los platos y en perfecta armonía se encuentran mezclas de dulce y salado, y frío y caliente, siempre con unas presentaciones exquisitamente cuidadas. Ingredientes comunes y básicos como el ajo, el limón, el aceite de oliva, el cilantro fresco, la hierbabuena, la granada, el tahini, el yogur, las especias, el agua de azahar o de rosas, los quesos de cabra, etc. La fruta y la verdura fresca están muy presente en esta cocina: dulcísimas naranjas, pepinos crujientes, granadas enormes, higos, pistachos, variedades infinitas de hierbas aromáticas, etc., todo ello procedente de sencillas y fragantes huertas y cultivos, desde siglos antes de que las palabras “orgánico” o “sostenible” se hubieran hecho un hueco en nuestro vocabulario cotidiano.

La cultura y la tradición han sido vitales para hacer que cada plato haya pasado de generación en generación sin alteraciones significativas. La cocina sigue siendo el centro de la vida diaria y al igual que en nuestra cultura, es muy importante cocinar para la familia y los amigos, y toda celebración que se precie siempre gira en torno a una mesa repleta de delicias, en cantidades que darían de comer a medio planeta. Dicho esto, hay que recordar que la aportación árabe a la cocina española es extraordinariamente rica. Muchas recetas de distintas regiones españolas son un testimonio de nuestra herencia cultural árabe, y así, entre los alimentos que los musulmanes introdujeron o popularizaron en España están la berenjena, la espinaca, el dátil, la caña de azúcar, el arroz, la canela, la miel, los frutos secos, el albaricoque o los cítricos. Hoy es fácil encontrar en nuestro país (eso sí, con resultados desiguales) platos tan típicos como los mezzes (aperitivos fríos o calientes que incluyen hummus, tabboule, falafel, samosas, o labaneh, entre otros), deliciosas y coloridas ensaladas como el fattoush, y platos principales como todo tipo de kebabs, aves o cordero. El baklava en sus mil variedades es el postre por excelencia.


En cualquier caso, ya os habréis dado cuenta de que de un tiempo a esta parte, la cocina de Oriente Medio está brillando con luz propia en los grandes escenarios gastronómicos del mundo, y para mí en este momento no hay nadie como el chef israelí Yotam Ottolengi, que junto a su socio y amigo el chef palestino Sami Tamimi han demostrado que cuando hay pasión, las fronteras y las culturas son solo líneas imaginarias. Sus restaurantes y tiendas delicatessen en Londres, así como sus fascinantes libros de cocina, son para mí fuente inagotable de inspiración, y están repletos de platos y recetas sensuales y coloridas, que son un auténtico placer para los sentidos, y que yo sin duda ya he incorporado a mi recetario habitual.


Créditos de fotos: Hotel Ritz-Carlton Bahrain, Lumee Restaurant Bahrain y My little kitchenette.


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27.3.15

Tarta de chocolate y naranja

Esta combinación de chocolate y naranja es probablemente mi preferida si necesariamente tengo que fusionar el chocolate con otro sabor. Contiene toda la intensidad del chocolate y la esencia vibrante y fresca de la naranja. Es un bizcocho de textura tierna realzado claramente por una cobertura de chocolate gruesa y rica, que hará las delicias de cualquier amante del chocolate. Esta receta es para una tarta de dos pisos de bizcocho de 20 centímetros de diámetro o 3 pisos de 15 centímetros de diámetro.


Tarta de chocolate y naranja

Para los bizcochos de chocolate:
350 gramos de azúcar
La ralladura de 2 naranjas
2 huevos tamaño L
120 mililitros de aceite de girasol
115 mililitros de creme fraiche
1 cucharadita de extracto de vainilla
220 gramos de harina
65 gramos de cacao en polvo
2 cucharadita de bicarbonato
1 cucharadita de levadura en polvo
1/2 cucharadita de sal
230 mililitros de buttermilk (230 mililitros de leche + 1 cucharada de zumo de limón o vinagre blanco)

Para el curd de naranja:
El zumo de 2 naranjas y la ralladura de 1
250 gramos de azúcar
120 gramos de mantequilla
4 huevos
1 cucharadita de maicena

Para la cobertura de chocolate:
340 gramos chocolate
oscuro de repostería
115 gramos de mantequilla
La ralladura de 1 naranja
115 gramos de creme fraiche
1 cucharada de Cointreau o licor de naranja (opcional)


Para las naranjas confitadas:
Estos son los ingredientes

Precalienta el horno a 180 grados y engrasa los moldes. Prepara el buttermilk. mezclando la leche y el limón o vinagre y dejándolo reposar durante 10 minutos. Reserva. En un bol grande combina el azúcar con la ralladura de naranja, y frota con los dedos para liberar los jugos de la cáscara en el azúcar. Incorpora los huevos, el aceite vegetal, la creme fraiche y la esencia de vainilla hasta combinar bien. Gradualmente incorpora la harina, el cacao en polvo, la levadura, el bicarbonato y la sal, alternando con el buttermilk. Mezcla hasta obtener una masa uniforme y divídela equilibradamente en los moldes. Hornea durante 40-50 minutos, o hasta que al pinchar un palillo en el centro del bizcocho, éste salga limpio y seco. Saca los moldes del horno y deja enfriar sobre una rejilla durante 10 minutos. Pasado este tiempo, desmolda los bizcochos y deja que se enfríen sobre la rejilla. Cuando estén totalmente fríos, envuélvelos en film transparente y mételos en la nevera al menos durante 2 horas. Mientras tanto prepara el curd de naranja batiendo los huevos y mezclándolos con el azúcar, laralladura de naranja y el zumo. Pon esta mezcla a hervir en una cacerola pequeña y a fuego muy lento. Mueve continuamente hasta que la mezcla se espese y alcance la consistencia adecuada. Retira del fuego, añade la mantequilla incorporándola bien, deja enfriar a temperatura ambiente, y reserva. Ahora prepara la cobertura de chocolate: en un cacerola mediana, derrite el chocolate y la mantequilla a fuego bajo hasta obtener una crema homogénea. Retira del fuego e incorpora la piel de naranja, la creme fraiche y el licor de naranja (opcional). Deja enfriar a temperatura ambiente y entonces mete en la nevera durante el tiempo necesario para que la cobertura se endurezca un poco y resulte más fácil trabajar con ella. Para preparar las rodajas de naranja confitadas, sigue estas instrucciones. Para el montaje de la tarta pon con cuidado un bizcocho en el plato de presentación, y cubre con la cantidad deseada de curd de naranja, deja que penetre en la medida de lo posible en el bizcocho, y con ayuda de una espátula, cubre con una capa de cobertura de chocolate gruesa. Pon el siguiente bizcocho encima y repite la operación, cubriendo la superficie y los laterales con una capa fina de cobertura, que será la que nos ayude a mantener las migas en su sitio. Mete en la nevera durante al menos 30 minutos para que esta fina capa de cobertura de endurezca. Pasado el tiempo, saca la tarta de la nevera y cubre con otra capa de cobertura de chocolate que será la visible y definitiva, empezando por los lados y terminando por la superficie. Decora con las naranjas confitadas y refrigera. Saca de la nevera 1 hora antes de servir.

Desde luego esta no es una tarta para todos los días, no sólo porque es bastante espectacular, si no porque con las naranjas confitadas lleva un poquito más de elaboración, pero si la quieres simplificar no tienes más que sustituir las naranja confitadas por ralladura de piel de naranja y ya tienes una tarta más sencilla, para cualquier ocasión, pero igual de rica.


Esta tarta la decoré con el llamado “efecto pétalo”, y si quieres hacer alguna floritura como esta, hay cientos de videos en internet donde explican paso a paso cómo hacerlo.

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24.3.15

Huevos al plato

Hoy os propongo un plato rápido y socorrido, para esos momentos en los que hay poco en la nevera y nada de ganas, pero que una vez que te sientas a comer te alegras de haber invertido un poco de esfuerzo y tiempo, en este caso apenas unos minutos. Estos huevos son el típico plato de toda la vida del que en cada casa hay una receta; esta es mi versión, que por cierto es muy ilustrada pero se puede simplificar al gusto. Esta receta es para 2 personas.


Huevos al plato

Mantequilla para engrasar los platos
4 huevos
4 cucharadas de tomate frito
2 lonchas de queso
2 lonchas de jamón o pavo
8 rodajas de chorizo picante
1 lata pequeña de guisantes
1 pizca de sal

Precalienta el horno a 180 grados arriba y abajo. Engrasa con un poco de mantequilla los platos aptos para el horno. Pon una cucharada generosa de salsa de tomate en el fondo del plato. Sobre el tomate incorpora las lonchas de queso y jamón y las rodajas de chorizo. Casca los huevos por encima con cuidado de no romperlos y echa una pizca de sal sobre la yema. Por último reparte los guisantes y pon un poquito más de tomate frito. Mete en el horno hasta que las claras estén cuajadas y las yemas aún blanditas, unos 5 minutos.

Las cantidades son meramente orientativas porque depende en gran medida de los platos que uséis, y cómo no, de vuestros gustos. Eso sí, imprescindible pan.

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20.3.15

Cheesecake bretón con salsa de toffee salado

Un perfecto maridaje franco-americano entre el sablé breton francés, el cheesecake americano y la imprescindible salsa de caramelo o toffee salado. Fundamental saber que el cheesecake hay que hacerlo la víspera ya que necesita bastante tiempo para que cuaje por completo, por lo que hay que controlar muy bien los tiempos de esta receta.


Cheesecake bretón con salsa de toffee salado

Para el cheesecake:
600 gramos de queso crema + 300 gramos de queso semicurado en crema
6 huevos
200 gramos de azúcar
1 cucharada de harina
1 cucharadita de extracto de vainilla

Para la base de sablé bretón:
Ver ingredientes aquí

Para la salsa de caramelo o toffee salado:
200 gramos de azúcar
85 gramos de mantequilla, cortada en dados
120 mililitros de nata líquida para montar
1 y ½ cucharadita de sal Maldon o fleur de sel

Para preparar el cheesecake: precalienta el horno a 160 grados. Con la ayuda de un tenedor, bate los quesos con el azúcar. Añade los huevos uno a uno y mezcla bien. Añade la harina y mezcla. Vierte la masa en el molde sobre el sablé bretón y alisa la superficie. Hornea durante 15 minutos y baja la temperatura a 120 grados y hornea 45 minutos más. Apaga el horno y deja el cheesecake en el interior hasta que se enfríe por completo. Refrigera durante 24 horas, desmolda y reserva. Para preparar el sablé bretón: sigue estas instrucciones, pero forrando con la masa el mismo molde que usaste para hornear la tarta de queso, y reserva. Para preparar la salsa de caramelo salado: calienta el azúcar en un cazo mediano hondo, a fuego medio removiendo constantemente con unas varillas de mango largo. Se formarán cristales en el azúcar, pero según se vaya fundiendo empezarán a disolverse hasta adquirir un tono dorado y una consistencia densa. Cuando el azúcar esté fundido por completo, deja de remover sin apartar del fuego hasta que adquiera un tono ámbar intenso y sin que llegue a quemarse, entre 1 y 2 minutos. Añade inmediatamente la mantequilla y remueve hasta que queden ambos perfectamente combinados. Retira del fuego y vierte la nata líquida poco a poco sin dejar de remover hasta obtener una textura homogénea y suave. Por último, añade la sal y remueve hasta disolver. Deja reposar unos 10-15 minutos. Para el montaje de la tarta: desmolda cuidadosamente el sablé bretón y coloca en el plato de presentación. Desmolda el cheesecake y dispón sobre la base de sablé bretón. Vierte el caramelo sobre la superficie de la cheesecake y mete la tarta en la nevera. Cuando la vayas a servir, sácala de la nevera y deja que se temple durante unos 20 minutos.

La versatilidad de las tartas de queso resulta infinita: tanto por su combinación con frutas, chocolate, etc., como por el tipo de base con que se sustente, aunque sin duda esta de galleta le va de maravilla al queso. Y la aportación del caramelo salado completa un conjunto absolutamente redondo.


Como te va a sobrar salsa de caramelo, pásala a un frasco de cristal y conserva bien cerrado en la nevera. Puede durar hasta un mes y te servirá para acompañar helados, bizcochos, tartas, etc. Como se solidifica bastante, antes de usar hay que darle un golpe de calor durante unos segundos en el microondas o al baño María.
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