30.5.14

Cupcakes de manzana con crema de nuez

Estamos en los últimos días de temporada de esta variedad de manzana verde, la Granny Smith, que empezó allá por finales del mes de septiembre, así que he decidido hacer una receta más propia del otoño que de la primavera, aunque con estos fríos y lluvias tan confusos, me reconforta enormemente tomarme uno de estos pastelitos con una taza de té bien caliente para desayunar o para merendar. Esta receta es para 18 unidades.


Cupcakes de manzana con crema de nuez

240 gramos de harina
280 gramos de azúcar morena
80 gramos de mantequilla
1 cucharada de levadura en polvo
1 pellizco de sal
1 cucharadita de canela en polvo
240 mililitros de leche
2 huevos tamaño L
2 manzanas verdes tipo Granny Smith, peladas y ralladas.
150 gramos de azúcar glass
80 gramos de mantequilla, ablandada a temperatura ambiente
20 gramos de nueces, picadas
1 o 2 cucharadas de leche
18 medias nueces, para decorar

Precalienta el horno a 180 grados. Coloca las cápsulas de papel en un molde para cupcakes. En un bol grande mezcla la harina con el azúcar, la mantequilla, la levadura, la sal y la canela. En otro bol mezcla la leche y los huevos, hasta combinar por completo. Incorpora tres cuartos de la mezcla de la leche a la mezcla anterior y bate hasta integrar del todo los ingredientes y obtener una masa homogénea y sin grumos. Añade el resto de la mezcla de leche y sigue batiendo hasta integrar bien ambas masas. Añade a la masa las manzanas ralladas y da una vuelta para incorporar. Llena las cápsulas hasta dos tercios de su capacidad, ya que crecerán. Hornea entre 15 y 18 minutos, hasta que al introducir un palillo éste salga limpio y seco. Saca la bandeja del horno y deja enfriar los cupcakes dentro del molde durante unos 10 minutos y después sácalos del molde y déjalos enfriar sobre una rejilla. Prepara la cobertura con ayuda de una minipimer, mezclando el azúcar y la mantequilla. Añade las nueces picadas y suficiente leche para obtener una crema suave y con la consistencia adecuada para untar. Cuando los cupcakes se hayan enfriado, unta la crema sobre ellos con una espátula o con una manga pastelera. Decora cada cupcake con media nuez.

Estos cupcakes son ligeros y esponjosos, llenos de notas ácidas y dulces, con un exterior crujiente y un interior jugoso, que se mantiene así durante días. Se hacen en poco tiempo, y el aroma a manzana y canela que inunda la casa mientras los horneas es sencillamente increíble.


Puedes versionar esta receta a tu gusto, simplemente cambiando las manzanas por peras, calabaza, zanahorias, o cualquier otra variedad de manzana.
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27.5.14

Magret de pato con salsa de kumquats

Como ya os he contado, tengo excedente de kumquats en mi jardín gracias a mi fructífero arbolito, y es por eso que voy a cambiar la naranja por los kumquats en esta tradicional receta de la cocina francesa, pero si os apetece más u os resulta más fácil, sólo tenéis que cambiar las 12 naranjitas por 1 naranja grande de mesa. Esta receta es para 2 personas.



Magret de pato con salsa de kumquats

1 magret de pato con su grasa (8 filetitos)
12 kumquats medianos, cortados en rodajas, sin semillas
La piel rallada de 2 kumquats
2 chalotas
25 gramos de mantequilla
80 mililitros de Pedro Ximénez
100 mililitros de zumo de naranja
1 pastilla de caldo de pollo disuelta en 100 mililitros de agua
1 cucharada de azúcar moreno
Sal Maldon y pimienta

Corta los 12 kumquats en rodajas, quítales las semillas y reserva. En una cacerola mediana calienta la mantequilla hasta que espume, pero que no se queme. Pocha las chalotas en la mantequilla, y cuando estén, añade el vino oloroso, el zumo de naranja, el azúcar, el caldo de pollo, las rodajas de kumquat y la piel rallada. Reduce la salsa unos minutos, removiendo frecuentemente, y reserva a fuego muy bajo. Salpimienta las piezas de pato. Calienta una sartén a fuego fuerte, pon en ella las piezas y dora por ambos lados (no más de un par de minutos como mucho por cada lado). Saca los filetitos de la sartén y sirve las piezas en los platos, vertiendo la salsa por encima.

No sé cuáles son vuestras experiencias con el pato a la naranja. A mí, a pesar de parecerme una receta un tanto clasicona, me gusta mucho, tanto el magret (la pechuga) como el confit (el muslo), y me parece un plato original e inesperado para una cena o un momento especial, sobre todo con este toque exótico que le aportan los kumquats. En cualquier caso, si no lo habéis probado, este es el momento, os va a gustar; y si no lo habéis cocinado nunca, os sorprenderá lo fácil que resulta de preparar.


Y con esta receta termina la tabarra con los kumquats, hasta la próxima cosecha, allá por septiembre.


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23.5.14

Tartaletas de frutas

No sé vosotros, pero yo empiezo a tener una urgente necesidad de ver y sentir la luz y el sol, pero como parece que la cosa se resiste, este fin de semana voy a darme una alegría y hacerme la ilusión de que el buen tiempo definitivamente está a la vuelta de la esquina con esta receta para 4 tartaletas individuales de masa quebrada, crema pastelera y frutas frescas: un auténtico derroche de color y sabor, para ir anticipando un poquito esta primavera que no termina de llegar.



Tartaletas de frutas

Para la masa quebrada:

150 gramos de harina
75 gramos de mantequilla fría, en trozos
1 huevo
50 gramos de azúcar glass
Una pizca de sal

Para la crema pastelera:

1/4 de litro de leche
1/2 vaina de vainilla, sin semillas
60 gramos de azúcar
20 gramos de Maicena
2 yemas de huevo

Fruta al gusto para decorar
Brillo alimentario para decorar (yo uso el de Lidl)

Para hacer la masa quebrada: en un bol grande mezcla con las manos la harina con los trocitos de mantequilla y cuando tenga una consistencia de masa de galleta, añádele el azúcar, el huevo y la sal, sin manipular demasiado. Forma una bola y deja en el propio bol, tapado con papel film, durante 1 hora en la nevera. Pasado ese tiempo, aplasta la bola y estira con un rodillo entre 2 pliegos de papel vegetal hasta conseguir una masa lisa y suave. Ayudándote con el rodillo enharinado, cubre los moldes metálicos de las tartaletas y con las manos acomoda la masa bien pegada a las paredes y al fondo de los moldes. Con un tenedor pincha la masa en el fondo, cubre con pepel de horno y pon unas cuantas legumbres para que no se levante la masa. Hornea durante unos 10 minutos a 180 grados. Deja enfriar los moldes sobre una rejilla, y cuando estén fríos del todo, saca con mucho cuidado los moldes de masa quebrada y reserva. Para hacer la crema pastelera: cuece la leche con la vaina de vainilla, lleva a ebullición y reserva. En un bol mezcla con varillas el azúcar, la maicena y las yemas de huevo hasta que estén ligados. Añade poco a poco la leche sin dejar de remover. Ponlo a cocer a fuego lento removiendo continuamente hasta que se forme una crema espesa. Retira del fuego, deja enfriar y cubre la crema con papel film pegado a la crema para que no se forme una película dura. Reserva. Montaje de las tartaletas: rellena los moldes de masa quebrada con la crema enfriada. Dispón armoniosamente las frutas elegidas para decorar y píntalas con el brillo alimentario para evitar que se oxiden y estropeen. Deja las tartaletas en la nevera y sácalas un poco antes de servir, para que la crema se atempere.

Dos consejos importantes a la hora de elaborar estas deliciosas tartaletas: el primero es que para evitar que la crema pastelera reblandezca la base de masa quebrada, conviene hacer el montaje poco antes de servir; el segundo es que, aunque no nos gusten los artificios, es fundamental que pintemos las frutas con el brillo alimentario, mermelada o almíbar, porque si no, la fruta se estropea en cuestión de minutos.


Estas tartaletas ligeras y refrescantes, son fáciles de hacer, admiten cualquier combinación de frutas, y no pueden ser más vistosas y apetecibles.

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20.5.14

Verdinas con carabineros

En esta montaña rusa de sensaciones térmicas que es la primavera, esta semana parece que toca la vuelta al fresco (por no decir frío) con un punto incluso de destemple, con lo que a mí por lo menos me vuelve a apetecer un plato de cuchara como éste, uno de mis preferidos. Para los que no la conozcáis, la verdina es una variedad pequeña y tierna de las fabes asturianas, cuyo delicado sabor combina a la perfección con cualquier marisco como almejas, langostinos, calamares, gambas, cigalas, pulpo, o como en este caso, carabineros. Esta receta es para 6 personas.



Verdinas con carabineros

300 gramos de fabes verdinas
2 cebollas medianas, picadas
2 dientes de ajo, picado
1 pimiento rojo, cortado en daditos
2 zanahorias, cortadas en rodajitas
1 cucharada de pimentón de Vera
6 carabineros
1 y 1/2 litros de fumet de pescado casero
Hebras de azafrán
Aceite, sal, agua

El día anterior pon las verdinas en remojo durante 12 horas en agua con un poco de sal. Cuando las vayas a cocinar, lávalas para eliminar posibles impurezas. Escúrrelas y reserva. En una cacerola grande calienta el aceite y sofríe durante 20 minutos la cebolla, el ajo, el pimiento y las zanahorias. Añade el pimentón y las hebras de azafrán y remueve bien, mezclando todos los sabores durante unos minutos. Incorpora las verdinas y remueve durante unos minutos más. Cubre las fabes con el fumet casero frío y si durante la cocción hiciese falta líquido, añade agua fría de manera que siempre queden cubiertas aproximadamente un centímetro. Cuando empieza a hervir baja el fuego y deja cocer durante media hora. Espuma la superficie y rectifica de sal. Deja cocer durante una hora y media más aproximadamente, teniendo en cuenta que el tiempo de cocción varía por muchos factores, por lo que debes ir probando al final para verificar que quedan en su punto. Cuando estés llegando al final de la cocción y queden unos 15 minutos aproximadamente, pela los carabineros reservando las cabezas. En una sartén pequeña con un poco de aceite saltea el contenido y los jugos de las cabezas, y cuando estén, añade medio vaso de agua. Incorpora este refrito y los carabineros enteros a las fabes, dejándolas cocer unos 15 minutos más a fuego muy bajo. Comprueba por última vez que las fabes estén en su punto y sirve.

Ninguneadas durante tiempo, las legumbres vuelven a brillar con todo su merecido esplendor. Y aunque es cierto que ésta en particular no es una legumbre barata, fundamentalmente porque no existe una gran producción, y que a veces no resulta tan fácil de encontrar, merece la pena la inversión y son perfectas para una día de celebración.


Como casi todos los platos de legumbres, éste es de lo más agradecido porque requiere muy poco trabajo y atención, y con un poco de mimo y tiempo, obtendrás un plato que es una auténtica delicia.

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16.5.14

Bizcocho de plátano y doble chocolate

Si te estás preguntando qué puede ser mejor que un bizcocho de plátano y chocolate, aquí está la respuesta: un bizcocho de plátano y DOBLE chocolate. Si eres muy, pero que muy amante del chocolate, te garantizo que éste bizcocho se convertirá en tu preferido a partir de este momento, sin excepciones. Extremadamente jugoso y salvajemente chocolateado, tiene una deliciosa e inesperada textura de brownie. No se le puede pedir más: ingredientes de andar por casa (sí, de nuevo unos plátanos exánimes) y una hora de espera. Se conserva perfectamente durante 5 días a temperatura ambiente, envuelto en papel de plata. No hace falta decir que en mi casa nunca ha durado tanto.



Bizcocho de plátano y doble chocolate

3 plátanos muy maduros
115 gramos de mantequilla, derretida
145 gramos de azúcar moreno
1 huevo grande
1 cucharadita de extracto de vainilla
1 cucharadita de levadura en polvo
1/4 d cucharada de sal
125 gramos de harina
60 gramos de cacao en polvo
150 gramos de gotas de chocolate

Precalienta el horno a 180 grados. Engrasa un molde para bizcocho. Machaca los plátanos en un bol grande. Incorpora la mantequilla, después el azúcar, el huevo y la vainilla. Añade la levadura, la sal, la harina y el cacao en polvo, mezclados previamente, a los ingredientes húmedos. No mezcles demasiado, sólo hasta combinar. Añade las gotas de chocolate. Vierte la masa en el molde preparado y hornea de 55 a 65 minutos, haciendo la prueba del palillo una vez pasado el tiempo. Saca el bizcocho del horno y enfría durante 10 a 15 minutos en el molde, entonces pasa un cuchillo por los bordes y da la vuelta sobre una rejilla, dejándolo enfriar por completo. Sirve templado o a temperatura ambiente.


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